Twitter

18.4.13

La vivienda: detonante del desarrollo económico de México


LA VIVIENDA:
DETONANTE DEL DESARROLLO ECONÓMICO DE MÉXICO
Por José Eduardo Romero Ramírez

En México, el tema del mejoramiento de la vivienda es uno de los principales para el desarrollo integral de los mexicanos, no solamente porque la vivienda es la principal aspiración de patrimonio de toda persona y mejorarla implique un mejor entorno personal y familiar, una superior dinámica comunitaria o incluso el embellecimiento visual del entorno urbano, sino que también repercute en detonar el desarrollo económico del país.
¿Cómo redunda en la economía nacional? Por un lado, en el aumento de la productividad de los trabajadores, quienes encontrarían en una existencia dignificada el impulso de sus aspiraciones de vida, pero también porque en el esquema que plantearé enseguida, la participación decidida de los gobiernos puede detonar una actividad económica significativa.
La precariedad constructiva es una constante en las viviendas del país, pues en ciertos segmentos la construcción de las mismas se realiza por etapas, de acuerdo a la capacidad económica de las familias, que muchas veces no permiten la construcción de forma continuada y de una sola vez. También, con el tiempo, el factor de desgaste natural de las viviendas acontece por falta de recursos económicos, depreciando las viviendas no sólo en su valor, sino en su calidad como hábitat en el que las familias realicen sus vidas cotidianas. Hablando de las familias, también es un reto abatir el hacinamiento que deteriora las relaciones familiares; cuando los integrantes de estos núcleos sociales aumentan, y en caso de que las posibilidades de independizarse sean magras, las viviendas se quedan chicas para el tamaño de la familia y ello conlleva un detrimento en las posibilidades de desarrollo individual dentro del mismo núcleo familiar. Hay asentamientos humanos irregulares en todo el país, particularmente en el Estado de México ha ocurrido pues su tasa de crecimiento poblacional fue muy alta en años pasados (la tasa de crecimiento media anual de la población fue del 3.2% de 1990 a 1995; de 2005 a 2010 fue de sólo 1.6%, según datos del INEGI) y ello ha implicado tener la población más grande de todas las entidades federativas.á ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽o ha implicado tener la poblacifue muy alta la pasada didad que el gobierno no se exima de este acontecimiento socialf
Más allá del otorgamiento de créditos para adquisición de viviendas, que sin duda es una palanca de desarrollo, se debe pensar seriamente en mecanismos para el mejoramiento y la dignificación de las viviendas; particularmente, en esquemas que permitan a los que más lo necesitan acceder a los mismos.
Sabemos que la mayoría de quienes tienen necesidad de estos apoyos, no son fácilmente sujetos de crédito en las instituciones bancarias, por lo que muchas veces son víctimas de prestamistas que los defraudan. Por ello es de imperiosa necesidad que el gobierno no se excuse de este acontecimiento social, cuya naturaleza impacta en el desarrollo económico de las familias y por ende del país.
Así pues, se propone el impulso a la institucionalización de programas de vivienda locales, que conforme a las necesidades de los municipios consiga atacar significativamente las dinámicas nocivas alrededor del tema, como son la irregularidad jurídica, la precariedad constructiva, el hacinamiento, entre otras.
La propuesta específica es que estos programas de vivienda se operen desde el orden de gobierno municipal y cuyos arreglos institucionales y administrativos quedarían al libre albedrío de éste, tal cual se lo garantiza la Constitución. ¿Por qué el impulso que se genere desde la federación debe sostenerse a partir de la base municipal? Porque es el municipio el espacio sociopolítico donde este tipo de demandas son fácilmente identificables; el municipio surge de forma natural con la vida en sociedad, la convivencia cotidiana reafirma lazos de vecindad y esta vida comunitaria obliga a tener un gobierno que le corresponda. Por esta privilegiada posición es que el ámbito municipal podría convertirse, de organizarse adecuadamente y fortalecerse decididamente, en un generador de riqueza que apuntale el desarrollo nacional.
Si por otro lado, entendemos que constitucionalmente el municipio se concibe como la base de la división territorial y de la organización política de las entidades federativas, es ahí donde la apuesta por la política pública relativa al tema de vivienda debe fincarse con sus mayores esfuerzos; la casa habitación es connatural a la vida en sociedad de la que ya se hablaba. Además, debemos considerar que los gobiernos municipales tienen entre sus mayores atribuciones legales los temas del ordenamiento territorial y el desarrollo urbano, donde efectivamente sus decisiones son preponderantes frente a la intervención que pueden tener los otros órdenes de gobierno.
La propuesta es que estos programas de vivienda locales se apoyen en distintos instrumentos administrativos: ya sea alianzas estratégicas con el sector privado; fideicomisos cuyos órganos decisores estén compuestos por funcionarios de gobierno, pero administrados por instituciones bancarias como fiduciarias; o en casos extraordinarios, netamente gestionados por los gobiernos municipales; pero donde se generen sinergias de colaboración entre diversas instancias para que se potencien los resultados. En ese sentido, los gobiernos estatales o el federal coadyuvarían presupuestalmente con los gobiernos municipales, pero estos últimos pondrían los recursos semilla para las obras de mejoramiento a la vivienda y facilitarían todo el tema normativo, exentando pagos de licencias de construcción y certificados relativos, lo que de no ser así alzaría los costos que hacen oneroso el tema de vivienda para quienes menos tienen; el gobierno federal a través de su exitoso Programa de Empleo Temporal podría dotar de los recursos para que trabajadores desempleados de las mismas localidades llevarán a cabo la mano de obra; los residentes se comprometerían a los pagos puntuales de los apoyos obtenidos en estos programas; las empresas tendrían una amplia participación en el caso de las alianzas estratégicas o en los otros esquemas estarían apoyando de manera socialmente responsable a que los gobiernos municipales y/o los residentes obtuvieran materiales a bajo costo; finalmente, las instituciones de educación superior, a través de los pasantes respectivos, estarían apoyando esta socialmente loable y económicamente rentable causa con el desarrollo de proyectos, que, por un lado, capacitaría a sus pasantes para el mundo laboral y, por el otro, reduciría costos para los residentes de bajos recursos a los que irían dirigidos estos programas de vivienda locales.
Es así que, si bien el gobierno federal bajo esta propuesta ya tendría participación en los rubros ya referidos, también se requiere de una coordinación generalizada de esta estrategia por todos los rincones del país, que podría realizarse desde la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU) e implementada a través de alguna de las instancias relacionadas con la vivienda, por ejemplo, el Instituto Nacional del Fondo para la Vivienda de los Trabajadores (INFONAVIT), y articulados con las dependencias estatales de Desarrollo Urbano; en esta entidad, existe una Comisión Estatal de Desarrollo Urbano y Vivienda, como órgano de coordinación interinstitucional. El seguimiento de esta estrategia desde la Federación junto a las entidades federativas sería fundamental, considerando el aspecto técnico y de capacidad organizacional, dadas las restricciones evidentes en muchos municipios del país. Sin embargo, la determinación de beneficiarios y la operación administrativa y sociopolítica debe quedar en manos de los gobiernos municipales, quienes por las razones ya expresadas son los órdenes de gobierno más cercanos a la población y entienden de primera mano esta demanda relacionada a la vivienda.
Debo mencionar que esta estrategia ya se realiza en Tlalnepantla, donde el Ayuntamiento aprobó este año la creación de un Instituto Municipal de Vivienda para la atención de temas jurídicos sobre tenencia de la tierra y su regularización, pero sobre todo para la implementación de este ambicioso programa local de vivienda, en el que se le apuesta a detonar el desarrollo económico, a partir de mejorar la calidad de vida de quienes tienen su hogar en este municipio. La apuesta es que esta estrategia pueda replicarse a todo lo ancho del territorio nacional; ello, por supuesto, sería más fácil y eficiente si estuviera coordinado desde la Federación, donde los recursos de todo tipo harían mucho más viable lo que de otra forma serían esfuerzos aislados para hacer realidad el mejoramiento de los hogares mexicanos. Requerimos, pues, que lo que ha sido un tradición federalista que ha castigado presupuestalmente a los municipios, cuando precisamente son ellos los que pueden asegurar el desarrollo del país desde su ámbito, se torne generoso con los necesarios recursos que el municipio difícilmente puede allegarse bajo el ordenamiento actual.
Sabemos que el presidente de la República Enrique Peña Nieto, conocedor de las necesidades que tiene este país, además que así lo ratificó como Gobernador del Estado de México, será un decidido impulsor del desarrollo de los municipios como generadores de empleo, productores de riqueza y garantes de hacer realidad la justicia social.