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23.10.13

Los retos de la administración pública municipal


LOS RETOS DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA MUNICIPAL:
INNOVACIÓN CREATIVA BAJO EL ESCENARIO ACTUAL, EL CASO DE TLALNEPANTLA DE BAZ
Por José Eduardo Romero Ramírez
(Ponencia presentada en el marco del Congreso de Derecho Administrativo Mexiquense y expuesta en la FES Acatlán)

Mucho se ha hablado de las carencias ante las que se encuentran los municipios para lograr un desarrollo gubernamental adecuado, que aporte a la mejora sustantiva en la vida de quienes viven en ellos. Los problemas son varios y en la no tan abundante bibliografía que quisiéramos se han enumerado: escasez de recursos para atender las necesidades de las administraciones públicas municipales; falta de compromiso representativo de los Ayuntamientos; poca profesionalización del recurso humano en los gobiernos municipales; instituciones públicas débiles y con acotado margen de gestión y operación; poca autonomía real en la toma de decisiones; en fin, una serie de problemáticas que dificultan el ejercicio administrativo relativo a cumplir cabalmente con el mandato constitucional sobre el llamado Municipio Libre.
Sin lugar a dudas, el fortalecimiento de los gobiernos municipales resulta de enorme relevancia para detonar el desarrollo económico y social en nuestro país. Entonces, como ya decía, este fortalecimiento nos remonta en especial a lo político y a la posibilidad de que la democracia se potencialice desde las localidades, entendiendo que parte fundamental del meollo es justamente el que la representación política municipal no se compromete acertadamente a atender las necesidades de los habitantes del municipio, ya que carece de incentivos para hacerlo. Por otra parte, también se refiere a las capacidades internas de los municipios para dotarse de los recursos necesarios para conseguir el progreso de sus comunidades. En este sentido, los recursos no sólo se refieren a lo económico, sino también a lo administrativo.
Mucha de esta dinámica se encuentra imbuida en que se percibe al gobierno municipal como el “nivel más bajo” dentro de los distintos ordenes de gobierno que tenemos en nuestro federalismo. Pero justamente es eso: un orden de gobierno. Nuestra Norma Fundamental no distingue entre ellos, dándoles una preponderancia o jerarquía, es entonces que podemos ver que partimos de una falsa apreciación de dónde se ubica el municipio, política y administrativamente hablando, en el concierto nacional.
Dimensionemos la importancia que tiene que los municipios puedan responder solventemente las amplias demandas ciudadanas: en el municipio es donde surgen las peticiones más apremiantes, pues son cotidianas y de mayor impacto para las vidas de las personas. Muchas veces las políticas públicas de los ámbitos tanto estatal como federal son imperceptibles para la población en general; sin embargo, las políticas municipales están originadas en lo que impacta directamente al ciudadano. Temas como los servicios públicos, las obras, la normatividad en usos de suelo y giros mercantiles, la dotación del servicio de agua potable y la prevención del delito afectan nuestro día a día y tienen su referente inmediato en el marco del gobierno municipal. Así las cosas, con tantos espacios que cubrir, el municipio por ende requiere de una cantidad mayúscula de recursos económicos y, no obstante, recibe la menor parte de lo recaudado. En el caso mexicano, en lugar de haber una distribución fiscal abrumadoramente favorable al gobierno federal, debería dotarse de mayores recursos a los municipios, si no seguirán siendo instancias acotadas para su funcionamiento integral, impidiéndoles ofrecer soluciones adecuadas y consecuentemente limitando los desarrollos locales. Y he aquí el detalle fundamental: si se quedara en lo local, posiblemente el problema no sería grave; la gravedad está en que el acotamiento fiscal de lo municipal redunda en la falta de desarrollo nacional. Al no disponer de recursos suficientes, este orden de gobierno topa con pared en sus aspiraciones funcionales y de ahí empieza la cadena de malas reacciones administrativas para lograr mover y transformar a este país.
Precisamente, esa falta de capacidades administrativas son las que detienen la marcha apropiada del municipio. Si se redistribuyeran las competencias recaudatorias, se rompería con la dependencia económica. Claro está que esto representa una amenaza para la preponderancia del gobierno nacional, el que ha tenido aversión a descentralizar por razones históricas, pero también por razones prácticas. De origen ocurrió porque el conflicto emanaba de luchas políticas entre caciques o entre dinámicas ideológico-políticas regionales opuestas entre sí a sus intereses particulares; más tarde, porque para el adecuado funcionamiento del régimen posrevolucionario de partido hegemónico, se necesitaba del control de todas las partes en todos los ordenes de gobierno. Sin embargo, en la actualidad, el tema es uno de preocupación reiterada por la insolvencia que muestran varios gobiernos estatales y municipales frente al expertise y capacidad del ejercicio administrativo que se observa en el ámbito federal.
El artículo 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos ordena lo relativo al municipio; en su fracción II desarrolla el tema de la administración pública en específico, donde refiere que los municipios tienen autonomía para regularse administrativamente, pero siempre en consonancia con la legislación estatal. De algún modo, se entiende que debe existir un marco común a todos los municipios que territorialmente conjuntos forman a la entidad en cuestión, por ello no hay duda que la autonomía municipal no se ve atentada por esta disposición.
Así  entonces, no es especialmente un tema de conformación administrativa dispuesta por los Ayuntamientos, sino que es la insuficiencia económica para darle herramientas a la organización del gobierno municipal la que genera condiciones de inoperancia en muchas de las municipalidades de este país. Según la fracción IV del artículo 115 constitucional, las principales fuentes de ingreso que tienen las administraciones municipales son: 1) los impuestos relacionados con la propiedad inmobiliaria y trámites correspondientes; 2) las participaciones federales; y, 3) los ingresos derivados de la prestación de los servicios públicos municipales. Y de ahí se ha observado que la gran mayoría de los municipios se encuentran sometidos a los vaivenes de las participaciones federales y no a lo que ocurra en sus propias arcas municipales.
Entonces, el problema es ése, que al final del día, si bien existen convenios de coordinación fiscal, los gobiernos estatales y sobre todo los municipales dependen de forma amplia en los recursos que les otorga el gobierno federal a través de esos acuerdos.
Aunado a lo anterior, también se identifica la problemática de que dentro de las facultades concurrentes que se traslapan entre los otros ordenes de gobierno y el municipal, como por ejemplo la seguridad pública, los asentamientos humanos, la protección civil, entre otros, no hay una participación enteramente relevante por parte de las municipalidades. Pareciera que estas facultades son residuales para los municipios, ya que sus actos autónomos dejan de serlo en la medida en que se encuadran obligadamente en legislaciones de otro orden de gobierno o requieren aprobaciones o vistos buenos de otras instancias que no son del orden municipal.
Así las cosas, debemos considerar seriamente que incrementar las posibilidades de acción de los municipios en otros temas que podrían redundar en una verdadera autonomía que detone su desarrollo de forma local, como la educación o la administración de infraestructura, como ocurre con otros países, ayudarían a darle mejor cauce a estos servicios, dado que las autoridades encargadas de ellos serían justamente las que conocen de primera mano la dinámica local. Si se pudiera trascender de ser meros gestores ante otras instancias a verdaderos administradores de las actividades de calado público en sus propios territorios, se podrían atender las peticiones ciudadanas de forma más directa e inmediata. De ahí que se requiera urgentemente del fundamento administrativo y la capacidad económica para realizar estas obras, servicios y acciones desde los municipios.
Finalmente nos encontramos con un asunto administrativo que en la práctica resulta importante para el devenir de la organización gubernativa: el tema de los recursos humanos, los cuales muchas veces no pueden ser lo suficientemente especializados para rendir lo necesario por esa misma falta de recursos económicos a la que ya hemos estado refiriéndonos. Los sueldos en las administraciones públicas municipales palidecen cuando se comparan con los otros órdenes de gobierno, ya no se diga frente a la iniciativa privada. Todavía es peor si hablamos de municipios rurales alejados de los centros urbanos regionales. Por eso mismo, la posibilidad de atraer profesionistas o especialistas de las diversas ramas se vuelve cada vez más difícil en un mundo competitivo en el que las aspiraciones de retribución económica son más altas a mayor nivel académico.
Ante esta realidad, sólo queda echar mano de un recurso humano que en algunas ocasiones está poco capacitado para sus respectivos cargos. Una opción viable e importante es la que se ha concebido en la actual administración del municipio de Tlalnepantla de Baz: por un lado, aprovechar las técnicas modernas de formación y desarrollo organizacional para identificar aptitudes en el personal disponible y, por otro, fortalecer al personal con capacitación constante en su ámbito de desempeño laboral, así como ofrecer las oportunidades para llevar más allá su nivel académico, alentando la superación profesional personal de cada individuo. Es decir, trabajando con lo que se tiene, pero ofreciendo facilidades y oportunidades académicas, existe la posibilidad de acercarse al ideal administrativo para el adecuado funcionamiento de los gobiernos municipales. Sin embargo, para el caso de los municipios más rezagados esta opción se antoja todavía alejada de sus posibilidades reales.
Así, con relación a todo lo expuesto, empezamos a percibir que la solución a los problemas del municipio, partiendo de lo que hay, deben ser asumidos con creatividad para salir del bache con los escasos recursos disponibles por el momento. A partir de aquí, me gustaría enfocarme en un tema en particular para generar una propuesta y en la experiencia práctica de lo vivido en un municipio en concreto.
Si entendemos que uno de los principales rubros sobre los que está fincada la acción gubernamental municipal es el relacionado con el desarrollo urbano, debemos enfocarnos en este ámbito para dar solvencia a la autonomía municipal. Nuestra Constitución contempla estas actividades en la fracción V de su numeral 115. De hecho, a partir de esta base constitucional, considero que si hay un espacio en el que se pueda reflejar en algo la autonomía municipal es justamente en ese rubro, ya que las políticas relacionadas al tema están municipalizadas en alto grado. Por ejemplo, el eje rector y documento base para la política urbana es el Plan de Desarrollo Urbano Municipal, el cual tiene carácter de ordenamiento legal. El municipio lleva una participación preponderante en la recaudación del impuesto predial y el desarrollo del catastro con ese mismo objetivo, lo cual lo obliga a tener un padrón claro y detallado que propicie una recaudación amplia. El desarrollo de fraccionamientos, la subdivisión de los predios, la traslación de dominio, los cambios de uso de suelo, las licencias de construcción, entre otros, son elementos clave de la fuerza de una administración pública municipal. Si bien esta normatividad tiene referentes en el estado y en la federación, las autorizaciones fundamentales ocurren en el orden de gobierno municipal.
Un par de reformas constitucionales en 1976 y en 1983 dotaron de esta preponderancia en materia de desarrollo urbano a los municipios, al entender y prever el crecimiento sustantivo de muchos de aquellos eminentemente urbanos.
De hecho, una de las reformas claves para la política pública urbana se dio con la creación de un órgano auxiliar y la dotación de facultades específicas para su tarea que de seguimiento a la planeación municipal, en especial la urbana. Este órgano auxiliar además abreva del mandato constitucional sobre la planeación democrática que versa en el artículo 26 de nuestra constitución. La Comisión de Planeación para el Desarrollo Municipal, que en el caso del Estado de México se encuentra prevista en el capítulo séptimo de la Ley Orgánica Municipal del estado, de los artículo 82 al 85, desarrolla este elemento fundamental para que la opinión sobre cambios de uso de suelo, densidad, intensidad y altura deriven de acuerdos de este órgano colegiado conformado no sólo por autoridades del Ayuntamiento o funcionarios públicos, sino de ciudadanos distinguidos del mismo municipio, como un procedimiento sin el cual la dependencia encargada del desarrollo urbano de la administración pública municipal no podría otorgar una licencia de uso de suelo, en caso de que este órgano auxiliar se expresara en contrario al cambio solicitado al Plan de Desarrollo Urbano municipal. Si bien existen dictámenes de impacto a nivel estatal y federal, la decisión última se queda en el orden de gobierno municipal.
Desafortunadamente, las azarosas circunstancias actuales han dejado en entredicho esa preponderancia en materia urbanística por parte del municipio, después de los terribles sucesos causados por los recientes desastres naturales, y que evidenciaron la omisión o complicidad de las autoridades al permitir que se fraccionara en zonas de riesgo. Se están dando pasos para que el Registro Único de Vivienda se convierta en un velado filtro desde el gobierno federal para la construcción de desarrollos habitacionales, con la suposición de que ello evitará que la corrupción que pudiera permear en los gobiernos municipales derive en autorizaciones de proyectos que no cumplen con características legales o asentados en zonas de riesgo.
Al entrar en este tema, me gustaría referirme a mi tierra, a Tlalnepantla de Baz, donde desde esta administración se constituyó un Instituto Municipal de Apoyo a la Vivienda Social, como órgano desconcentrado de la administración pública municipal, con el objeto de dar una atención concreta y decidida a dos rubros, uno incluso contemplado como tarea de rango constitucional: la regularización de la tenencia de la tierra y el apoyo para mejoramiento constructivo a la vivienda social.
Siendo un municipio prácticamente urbanizado en su totalidad, con una amplia plataforma de servicios públicos, con una dotación casi plena de electricidad, agua potable y drenaje, con números bastante superiores en materia de vialidades, de calles asfaltadas, las necesidades sociales empezaron a exigir una nueva generación de políticas públicas que pudieran resolver la problemática social siempre cambiante. En este caso, una demanda recurrente de los tlalnepantlenses es dotar de certeza jurídica a sus posesiones inmuebles, para los que no gozan de un título de propiedad adecuadamente inscrito en el Registro Público, y promover el mejoramiento de las viviendas en colonias urbano-populares, lo cual implica un esfuerzo para mitigar las significativas diferencias que dentro de sus propias comunidades tiene Tlalnepantla, teniendo asentados en el territorio municipal desde clubes de golf hasta comunidades donde la constante son techos de lámina y aún pisos de tierra en algunos casos.
De por sí, en México, el tema del mejoramiento de la vivienda es uno de los principales para el desarrollo integral de los mexicanos, no solamente porque la vivienda es la principal aspiración de patrimonio de toda persona y mejorarla implique un mejor entorno personal y familiar, una superior dinámica comunitaria o incluso el embellecimiento visual del entorno urbano, sino que también repercute en detonar el desarrollo económico de México. Las grandes metrópolis del país se han consolidado mayormente de forma irregular, por la natural atracción que hay de la población hacia las ciudades, por la ventajas que éstas ofrecen. En pasados años se pretendió que la política en esta materia fuera la construcción de nuevos desarrollos y la adquisición de vivienda nueva. Hoy podemos ver la obsolescencia de la misma, derivado de una mala planeación: hogares abandonados en los suburbios de estas grandes ciudades son la mejor prueba de ello. De ahí que enfocado en un sentido socialmente eficiente se deben promover políticas que rescaten el entorno urbano a partir del mejoramiento de las viviendas ya existentes, además de la promoción de desarrollos verticales, aunque este último tema no deja de tener su matiz cultural. Ambos y particularmente el primero, que abordaré en esta ponencia, tienen un notable enfoque económico.
¿Cómo redunda en la economía nacional? Por un lado, creemos, en el aumento de la productividad de los trabajadores, quienes encontrarían en una existencia dignificada el impulso de sus aspiraciones de vida, pero también porque en el esquema que se ha planteado en Tlalnepantla para este Sistema de Apoyo a la Vivienda Social, la coparticipación decidida de los gobiernos, las empresas y los ciudadanos puede detonar una actividad económica significativa.
Como decía, la precariedad constructiva es una constante en las viviendas del país, pues en ciertos segmentos la construcción de las mismas se realiza por etapas, de acuerdo a la capacidad económica de las familias, que muchas veces no permiten la construcción de forma continuada y de una sola vez. También, de forma natural, el paso del tiempo conlleva un desgaste en las viviendas y cuando acontece que su rehabilitación no se da por falta de recursos económicos, las viviendas se deprecian no sólo en su valor, sino en su calidad como hábitat en el que las familias realicen sus vidas cotidianas. á ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽o ha implicado tener la poblacifue muy alta la pasada didad que el gobierno no se exima de este acontecimiento socialf
Sin duda, el otorgamiento de créditos para adquisición de viviendas puede resultar en una palanca de desarrollo, como todo esquema crediticio que mueve al mercado a partir de la posibilidad de consumo actual. No obstante, como ya se explicó, el crecimiento indiscriminado de la mancha urbana hace inviable el aumento horizontal de las ciudades a partir de nuevas viviendas en los suburbios. Más bien se debe pensar seriamente en mecanismos para el mejoramiento y la dignificación de las viviendas existentes; es ahí donde esquemas que permitan a los que más lo necesitan acceder a los mismos pueden hacer toda la diferencia para recuperar o propiciar la calidad de vida urbana digna.
Sabemos que la mayoría de quienes tienen necesidad de estos apoyos, no son fácilmente sujetos de crédito en las instituciones bancarias, por lo que muchas veces son víctimas de prestamistas que los defraudan. Por ello es de imperiosa necesidad que el gobierno no se excuse de este acontecimiento social, cuya naturaleza impacta en el desarrollo económico de las familias y por ende del país.
Particularmente, en la actual administración pública del municipio de Tlalnepantla de Baz, el Ejecutivo Municipal y todo el cuerpo edilicio propusieron de origen el impulso a la institucionalización de un programa de vivienda local, que conforme a las necesidades del municipio consiga atacar significativamente las dinámicas nocivas alrededor del tema, como son la irregularidad jurídica, la precariedad constructiva, el hacinamiento, entre otras.
Esta idea, esta propuesta específica, va en consonancia con todo lo expresado anteriormente sobre los retos de las administraciones municipales: estos programas de vivienda deben operarse desde el orden de gobierno municipal, sus arreglos institucionales y administrativos deben quedar al arbitrio de éste. ¿Por qué este impulso debe sostenerse a partir de la base municipal? Porque, reafirmando, es el municipio el espacio sociopolítico donde este tipo de demandas son fácilmente identificables; el municipio surge de forma natural con la vida en sociedad, la convivencia cotidiana reafirma lazos de vecindad y esta vida comunitaria obliga a tener un gobierno que le corresponda. Por esta privilegiada posición es que el ámbito municipal podría convertirse, de organizarse adecuadamente y fortalecerse decididamente, en un generador de riqueza que apuntale el desarrollo nacional.
Si por otro lado, entendemos que constitucionalmente el municipio se concibe como la base de la división territorial y de la organización política de las entidades federativas, es ahí donde la apuesta por la política pública relativa al tema de vivienda debe fincarse con sus mayores esfuerzos; la razón es sencilla, reitero, la casa habitación es connatural a la vida en sociedad, sociedad cuya autoridad inmediata en nuestro ordenamiento mexicano es el municipio. Además, como ya lo exponía, hay que considerar que los gobiernos municipales tienen entre sus mayores atribuciones legales los temas del ordenamiento territorial y el desarrollo urbano, donde efectivamente sus decisiones son preponderantes frente a la intervención que pueden tener los otros órdenes de gobierno.
La propuesta tlalnepantlense operada en la actual administración municipal es que este Sistema de Apoyo a la Vivienda Social se apoye en distintos instrumentos administrativos y no se ciña a una operación tradicional donde los recursos terminen resultando insuficientes, como siempre lo son, específicamente en el entorno municipal como ya detallamos. Por un lado se contempla que a la población más vulnerable, de acuerdo a ciertas reglas de operación, se les dote directamente de los recursos necesarios para salvaguardar su integridad física en casos de riesgo o atendiendo a principios de justicia social se les otorguen los materiales para mejorar la calidad de vida cuando sus condiciones de pobreza lo hacen imposible de otro modo. Por otro lado, a la gran mayoría de los posibles beneficiarios, que sus condiciones no los ponen en un grado de pobreza o indefensión extrema, por más que sus recursos sean escasos, se les acerca a opciones donde se hagan corresponsables de los beneficios relacionados con su propio patrimonio. Para este propósito se han convenido una serie de alianzas estratégicas con el sector privado, a partir de las cuales se ofrecen precios bajos en materiales, facilidades de pago o esquemas crediticios. Los empresarios sacrifican utilidades en aras de reponerlas al haber compras al mayoreo y, desde luego, identificados con políticas de responsabilidad social, además de un compromiso y arraigo municipal en algunos casos. El gobierno municipal facilita todo el tema normativo, exentando pagos de licencias de construcción y certificados relativos, lo que de no ser así alzaría los costos que hacen oneroso el tema de vivienda para quienes menos tienen, además de generar los esquemas de promoción, organización y coordinación comunitarias, así como las facilidades para acercar los materiales solicitados. El ciudadano se involucra en algunos casos con la autoconstrucción y en todos los casos de estas alianzas estratégicas se comprometen a hacer los pagos puntuales de los apoyos obtenidos en estos programas. Finalmente, las instituciones de educación superior, a través de los prestadores de servicio social respectivos, están apoyando esta socialmente loable y económicamente rentable causa con el desarrollo de proyectos, que, por un lado, los capacita para el mundo laboral y, por el otro, reduce los costos para los residentes de bajos recursos a los que irían dirigidos estos programas de vivienda locales. Aquí cabe destacar la participación comprometida de varios pasantes de Arquitectura e Ingeniería de esta Facultad, con quienes estamos muy agradecidos en Tlalnepantla.
¿A qué nos remite esta experiencia práctica? En la teoría sobre la administración pública municipal se han descrito dos formas distintas de la gestión pública: directa e indirecta. La gestión directa es la tradicional por la cual se llevan a cabo las actividades administrativas, es decir, nos remite a la organización típica de la administración pública municipal. Esta gestión directa se divide a su vez en dos, en la pública y la privada. Pueden considerarse como elementos de la gestión directa pública: la administración pública centralizada, los convenios estado-municipio, los convenios intermunicipales y los organismos descentralizados. Cuando se prestan servicios públicos o actividades administrativas, donde no se requiere el uso del imperio del Estado y pueden hacerse a través de un particular, se prevén las siguientes figuras: la empresa paramunicipal de participación mayoritaria, el fideicomiso público y la asociación intermunicipal. En cuanto a la gestión indirecta, ésta es la que implica la participación directa del privado en algunas tareas públicas municipales, sin menoscabo del control del gobierno municipal, en aras de una mayor eficiencia en el servicio o la acción. Las formas de esta gestión indirecta que se han observado en los hechos son: la concesión, el convenio de colaboración, el arrendamiento, la gestión interesada, el concierto y la empresa municipal de participación minoritaria.
Así, la literatura existente sobre administraciones públicas municipales considera a los convenios de colaboración como un factor clave para la realización de ciertas actividades administrativas, dadas las condiciones actuales de insuficiencia a partir de recursos propios de los gobiernos municipales. A este tipo de instrumentos, que se les incluye dentro de las formas de gestión indirecta, se les ha dado una mayor relevancia en la actualidad por la comodidad para las partes y por su potencial administrativo. El gobierno municipal en coparticipación estrecha con otros integrantes de la comunidad del municipio, específicamente particulares, encuentra la posibilidad de realizar actividades públicas que de otra forma se complicarían económica y técnicamente. Sobre este tema, en su libro “Organización y gestión municipal”, Alejandro Zapata y Oliver Meade reconocen que con la colaboración como técnica de gestión, “el municipio garantiza una activa participación de la comunidad en el ámbito público, un buen funcionamiento y una concientización del beneficio que con ésta se genera.”
Esto es justamente lo que hemos desarrollado en Tlalnepantla, en materia de vivienda, para poder atender las muchas demandas de la población en la materia y haciéndolo con pocos recursos: convenios de colaboración con el sector privado. La apuesta es que esta estrategia pueda replicarse a todo lo ancho del territorio nacional; podría encontrarse el sentido práctico y económicamente rentable en muchos municipios en los que empresas con fines de lucro, pero con sensibilidad social, le apostarán a un crecimiento compartido en el que reactivar el mercado puede ser posible si todos nos involucramos en la tarea. Requerimos, pues, que lo que ha sido un tradición federalista que ha castigado presupuestalmente a los municipios, cuando precisamente son ellos los que pueden asegurar el desarrollo del país desde su ámbito, se torne generoso con los necesarios recursos que el municipio difícilmente puede allegarse bajo el ordenamiento actual. Pero si no puede lograrse de forma inmediata, por los retos existentes y ya reseñados, además de la necesidad de una reforma estructural de amplio calado relacionada al federalismo, los municipios tienen la obligación de buscar opciones para garantizar cumplir con su función pública y generar bienestar para sus gobernados. Una opción es, por supuesto, las formas de gestión indirecta y la experiencia tlalnepantlense nos lleva a pensar que es posible.
Del mismo modo, es importante que promovamos la corresponsabilidad en las políticas públicas, que de otro modo y dadas las condiciones actuales, no podrían lograrse en las dimensiones que deberían, pero sobre todo para desterrar males culturales donde el ciudadano cree que es sola y exclusivamente tarea del gobierno atender estas problemáticas. Especialmente estaríamos avasallando males sociopolíticos como el clientelismo y la apatía. Hacer copartícipes de su propio bienestar a quienes reciben apoyos del gobierno significa que valorarán más lo obtenido al sentirlo suyo y trabajado por ellos mismos. Coloquialmente diríamos que la experiencia nos ha enseñado que lo que fácilmente llega, fácilmente se va.
Entonces, en aras de lo aquí abordado, en lugar de dar marcha atrás a procesos descentralizadores probados en todo el orbe, es tiempo de convertirnos en decididos impulsores del desarrollo de los municipios como generadores de empleo, productores de riqueza y garantes de hacer realidad la justicia social. Debemos pasar a la propuesta, en lugar de la constante queja; debemos dar soluciones y no ahondar los problemas. Hay elementos de los cuales se puede echar mano y que la ley permite. En función a ello podemos moldear administraciones públicas municipales que trabajen con solvencia y además impacten positivamente en todo el entorno, generando círculos virtuosos dentro de los distintos sectores de la sociedad: un involucramiento cívico de las personas en las políticas dirigidas a mejorar sus propias condiciones de vida; un compromiso y responsabilidad social de los empresarios para bajar costos y hacer accesibles sus productos, sin dejar de hacer negocio, por lo cual se reactiva el mercado; gobiernos municipales que aceptan que no pueden constituirse demagógicamente en “mecenas”, sino en generadores de oportunidades, facilitadores administrativos, impulsores del desarrollo con sus propias herramientas.
En pocas palabras, debemos tener muy claro que mientras no haya una reforma sustantiva en la materia, para dotar de mayores capacidades al municipio, asumiendo su “mayoría de edad”, los retos de la administración pública municipal en México deben abordarse con innovación creativa.
Muchas gracias.