Podría recordar muchas anécdotas y decir muchas cosas, pero la gran mayoría me las quedo como tesoros para mi fuero interno.
Hoy falleció un maestro que marcó mi vida, Alonso Lujambio. Siempre supimos de nuestras diferencias en cuanto a visiones partidistas, pero las obviábamos porque nos unía el amor a la Ciencia Política, el mismo que él me inculcó en gran parte (como lo hacía con todos esos politólogos que empezábamos la carrera y él nos regalaba el primer gran relámpago de conocimientos en Introducción a la Ciencia Política).
En los momentos difíciles en estos menesteres, siempre recuerdo algo que me dijo con su sentido del humor peculiar. Revisando controles de lectura en su oficina, hablábamos sobre la actualidad política del país en aquellos años y me dijo: "¡La realpolitik mexicana es un desastre, pero es tan divertida!" Y se rió con esa risilla pícara y traviesa que lo caracterizaba.
Siempre que la cosa se pone difícil, recuerdo esa frase. Recuerdo que sí puede llegar a ser desastrosa, pero que a pesar de ello no deja de ser divertida para quienes nos apasiona.
Y a él siempre lo voy a recordar así, feliz. Un hombre que disfrutaba vivir para aprender, investigar y compartirlo; disfrutaba la vida en general y quizás eso es lo que más duele. Fue un hombre que, desde su perspectiva, quiso darle lo mejor a México.
¡Ay, Alonso! Que falta nos vas a hacer al país, a la política, a la academia, pero sobre todo a tus colegas, amigos y familia; a Doña María Teresa Toca de Lujambio y a tus hijos los amabas con todavía más pasión que a todo lo demás.
Que en paz descanse, Don Alonso José Ricardo Lujambio Irazábal.
